viernes, 5 de marzo de 2010

¿Dónde está Dios?

¿Dónde está Dios?. Esa es la pregunta que muchas víctimas de un sufrimiento injusto e intencionalmente producido suelen formularse.

Auschwitz se ha convertido en el símbolo de las situaciones de violencia y crueldad que los seres humanos pueden llegar a generar en condiciones de un aparente ‘abandono de Dios’. Efectivamente, solo en los campos de Auschwitz murieron aproximadamente un millón y medio de judíos, condenados a una muerte prematura por el mero hecho de serlo, sin distinción de sexo o de edad, en plena “época de la ciencia”. Muchos testigos de estos horrores llegaron a la conclusión de que o Dios no existía o que se le percibía como ausente. La misma expresión Holocausto –Shoah, en hebreo– tiene connotaciones espirituales, pues alude al sacrificio de la víctima inmolada en un rito religioso.

Este hecho constituye un escándalo para la razón humana y también para la fe. Desde el punto de vista del pensamiento religioso, el tema del sufrimiento del inocente nos introduce en el problema de la teodicea, la cuestión de la existencia y sentido de una “justicia divina”.

¿Es consistente la idea de un Dios omnipotente e infinitamente bueno con la manifiesta injusticia e inhumanidad practicadas en Auschwitz? Algunos teólogos y filósofos han considerado que Dios se abstiene de intervenir por respeto a la libertad humana, que hace posible que el hombre realice acciones de todo calibre, desde el sacrificio altruista hasta los crímenes más despiadados.

Otros intelectuales han sugerido que la idea de un ser supremo no es compatible con los sucesos de la Shoah; que este es un indicio claro de la inexistencia de Dios. El notable filósofo Hans Jonas ha sostenido, por su parte, que la única alternativa que le queda al creyente que pretende preservar su fe consiste en renunciar a concebir a Dios como un ser omnipotente.

Lo acontecido en Auschwitz no solo desafía nuestra idea o experiencia de Dios, también desafía nuestra percepción de la condición humana. También podemos preguntarnos: ¿dónde estaba el ser humano en medio de la inhumanidad de los campos de concentración?

Auschwitz nos interpela acerca de nuestra disposición a la caída, nuestra posición respecto al imperativo de cuidar la integridad del otro. “A la vista de aquel horror -–comenta el teólogo Johann Baptist Metz– ya nadie sabía dónde tenía la cabeza o le latía el corazón”. Metz ha convertido la Shoah en el motivo central de su quehacer teológico y ha planteado la necesidad de configurar una cultura de la memoria, que rescate el testimonio de quiénes han sido y son víctimas de exclusión y violencia como fuente de reconstrucción histórica. Se trata de garantizar en la práctica que lo que se vivió en Auschwitz no se repita jamás.

El problema de la teodicea evoca sin duda la pasión y muerte injusta de Jesús de Nazaret –una víctima inocente– y nos remite a la reflexión teológica acerca de si su dolor era o no necesario para el cumplimiento de un detallado plan de redención universal. Sin embargo, el tema del sufrimiento del inocente no es solo una preocupación exclusivamente judeocristiana. He tenido la oportunidad de conversar sobre el tema con diversos profesores del Diplomado de Humanismo y Mística de la Universidad A. Ruiz de Montoya –versados en el legado de la mística oriental y occidental–, que ponen en evidencia la preocupación permanente en diversas tradiciones religiosas, literarias y filosóficas por echar luces sobre este problema.

Evidentemente, las respuestas que podamos aportar acerca del problema del sufrimiento injusto y su vínculo con lo divino no pueden ser concluyentes; son solo rutas posibles de reflexión. Pistas que fortalecen nuestro anhelo de verdad y nuestro sentido de justicia. Se trata de un problema humano que roza la condición de misterio. Por eso nos conmueve. Por eso reaparece luego de que se hacen trizas las seguridades de quien creyó dar una respuesta definitiva sobre este delicado asunto.

Se trata de un problema que involucra a la vez nuestra relación con nuestras imágenes de lo divino y la relación con la comprensión de nuestra propia humanidad. Plantear esta importante cuestión tiene un valor intrínseco, más allá de la precariedad de nuestras respuestas. Como dice el propio Metz, “hay preguntas para las que no (se) tiene respuestas, pero sí un lenguaje, un lenguaje, a su vez, con preguntas a Dios. Así es como yo, en cualquier caso, entiendo la llamada cuestión teodiceica”.

Gonzalo Gamio Gehri, filósofo (Universidad Antonio Ruiz Montoya)

lunes, 1 de marzo de 2010

Un político Einstein

La conexión de Einstein con la política de la bomba nuclear es bien conocida: firmó la famosa carta al presidente Franklin Roosevelt que impulsó a los Estados Unidos a plantearse en serio la cuestión, y tomó parte en los esfuerzos de la posguerra para impedir la guerra nuclear. Pero éstas no fueron las únicas acciones de un científico arrastrado al mundo de la política. La vida de Einstein estuvo de hecho, utilizando sus propias palabras, «dividida entre la política y las ecuaciones».

La primera actividad política de Einstein tuvo lugar durante la primera guerra mundial, cuando era profesor en Berlín. Asqueado por lo que entendía como un despilfarro de vidas humanas, se sumó a las manifestaciones antibélicas. Su defensa de la desobediencia civil y su aliento público para que la gente rechazase el servicio militar obligatorio no le granjearon las simpatías de sus colegas. Luego, después de la guerra, dirigió sus esfuerzos hacia la reconciliación y la mejora de las relaciones internacionales. Esto tampoco le hizo popular, y pronto sus actitudes políticas le hicieron difícil el poder visitar los Estados Unidos, incluso para dar conferencias.

La segunda gran causa de Einstein fue el sionismo. Aunque era de ascendencia judía, Einstein rechazó la idea bíblica de Dios. Sin embargo, al advertir cómo crecía el antisemitismo, tanto antes como durante la primera guerra mundial, se identificó gradualmente con la comunidad judía, y, más tarde, se hizo abierto partidario del sionismo. Una vez más la impopularidad no le impidió hablar de sus ideas. Sus teorías fueron atacadas; se fundó incluso una organización anti-Einstein. Un hombre fue condenado por incitar a otros a asesinar a Einstein (y multado sólo con seis dólares). Pero Einstein era flemático: cuando se publicó un libro titulado 100 autores en contra de Einstein, él replicó, «¡Si yo estuviese equivocado, uno solo habría sido suficiente!».

En 1933, Hitler llegó al poder. Einstein estaba en América, y declaró que no regresaría a Alemania. Luego, mientras la milicia nazi invadía su casa y confiscaba su cuenta bancaria, un periódico de Berlín desplegó en titulares, «Buenas noticias de Einstein: no vuelve». Ante la amenaza nazi, Einstein renunció al pacifismo, y, finalmente, temiendo que los científicos alemanes construyesen una bomba nuclear, propuso que los Estados Unidos fabricasen la suya. Pero, incluso antes de que estallara la primera bomba atómica advertía públicamente sobre los peligros de la guerra nuclear y proponía el control internacional de las armas atómicas.

Durante toda su vida, los esfuerzos de Einstein por la paz probablemente no lograron nada duradero, y, ciertamente, le hicieron ganar pocos amigos. Su elocuente apoyo a la causa sionista, sin embargo, fue debidamente reconocido en 1952, cuando le fue ofrecida la presidencia de Israel. Él rehusó, diciendo que creía que era demasiado ingenuo para la política. Pero tal vez su verdadera razón era diferente: utilizando de nuevo sus palabras, «las ecuaciones son más importantes para mí, porque la política es para el presente, pero una ecuación es algo para la eternidad».

(Historia del Tiempo: Del Big Bang a los Agujeros Negros - Stephen Hawking)

Historia del Tiempo: Del Big Bang a los Agujeros Negros

Nos hallamos en un mundo desconcertante. Queremos darle sentido a lo que vemos a nuestro alrededor, y nos preguntamos: ¿cuál es la naturaleza del universo? ¿Cuál es nuestro lugar en él, y de dónde surgimos él y nosotros? ¿Por qué es como es?

Para tratar de responder a estas preguntas adoptamos una cierta «imagen del mundo». Del mismo modo que una torre infinita de tortugas sosteniendo a una Tierra plana es una imagen mental, lo es la teoría de las supercuerdas. Ambas son teorías del universo, aunque la última es mucho más matemática y precisa que la primera.

A ambas teorías les falta comprobación experimental: nadie ha visto nunca una tortuga gigante con la Tierra sobre su espalda, pero tampoco ha visto nadie una supercuerda. Sin embargo, la teoría de la tortuga no es una teoría científica porque supone que la gente debería poder caerse por el borde del mundo. No se ha observado que esto coincida con la experiencia, ¡salvo que resulte ser la explicación de por qué ha desaparecido, supuestamente, tanta gente en el Triángulo de las Bermudas!

Los primeros intentos teóricos de describir y explicar el universo involucraban la idea de que los sucesos y los fenómenos naturales eran controlados por espíritus con emociones humanas, que actuaban de una manera muy humana e impredecible.

Estos espíritus habitaban en lugares naturales, como ríos y montañas, incluidos los cuerpos celestes, como el Sol y la Luna. Tenían que ser aplacados y había que solicitar sus favores para asegurar la fertilidad del suelo y la sucesión de las estaciones. Gradualmente, sin embargo, tuvo que observarse que había algunas regularidades: el Sol siempre salía por el este y se ponía por el oeste se hubiese o no se hubiese hecho un sacrificio al dios del Sol. Además, el Sol, la Luna y los planetas seguían caminos precisos a través del cielo, que podían predecirse con antelación y con precisión considerables. El Sol y la Luna podían aún ser dioses, pero eran dioses que obedecían leyes estrictas, aparentemente sin ninguna excepción, si se dejan a un lado historias como la de Josué deteniendo el Sol.

Al principio, estas regularidades y leyes eran evidentes sólo en astronomía y en pocas situaciones más. Sin embargo, a medida que la civilización evolucionaba, y particularmente en los últimos 300 años, fueron descubiertas más y más regularidades y leyes. El éxito de estas leyes llevó a Laplace, a principios del siglo
xix, a postular el determinismo científico, es decir, sugirió que había un conjunto leyes que determinarían la evolución del universo con precisión, dada su configuración en un instante.

El determinismo de Laplace era incompleto en dos sentidos. No decía cómo deben elegirse las leyes y no especificaba la configuración inicial del universo. Esto se lo dejaba a Dios. Dios elegiría cómo comenzó el universo y qué leyes obedecería, pero no intervendría en el universo una vez que éste se hubiese puesto en marcha.

En realidad, Dios fue confinado a las áreas que la ciencia del siglo xix no entendía.
Sabemos ahora que las esperanzas de Laplace sobre el determinismo no pueden hacerse realidad, al menos en los términos que él pensaba. El principio de incertidumbre de la mecánica cuántica implica que ciertas parejas de cantidades, como la posición y la velocidad de una partícula, no pueden predecirse con completa precisión.

La mecánica cuántica se ocupa de esta situación mediante un tipo de teorías cuánticas en las que las partículas no tienen posiciones ni velocidades bien definidas, sino que están representadas por una onda. Estas teorías cuánticas son deterministas en el sentido de que proporcionan leyes sobre la evolución de la onda en el tiempo. Así, si se conoce la onda en un instante, puede calcularse en cualquier otro instante. El elemento aleatorio, impredecible, entra en juego sólo cuando tratamos de interpretar la onda en términos de las posiciones y velocidades de partículas. Pero quizás ése es nuestro error: tal vez no existan posiciones y velocidades de partículas, sino sólo ondas. Se trata simplemente de que intentamos ajustar las ondas a nuestras ideas preconcebidas de posiciones y velocidades. El mal emparejamiento que resulta es la causa de la aparente impredictibilidad.

En realidad, hemos redefinido la tarea de la ciencia como el descubrimiento de leyes que nos permitan predecir acontecimientos hasta los límites impuestos por el principio de incertidumbre. Queda, sin embargo, la siguiente cuestión: ¿cómo o por qué fueron escogidas las leyes y el estado inicial del universo?
En este libro he dado especial relieve a las leyes que gobiernan la gravedad, debido a que es la gravedad la que determina la estructura del universo a gran escala, a pesar de que es la más débil de las cuatro categorías de fuerzas. Las leyes de la gravedad eran incompatibles con la perspectiva mantenida hasta hace muy poco de que el universo no cambia con el tiempo: el hecho de que la gravedad sea siempre atractiva implica que el universo tiene que estar expandiéndose o contrayéndose.

De acuerdo con la teoría general de la relatividad, tuvo que haber habido un estado de densidad infinita en el pasado, el big bang, que habría constituido un verdadero principio del tiempo. De forma análoga, si el universo entero se colapsase de nuevo tendría que haber otro estado de densidad infinita en el futuro, el big crunch, que constituiría un final del tiempo. Incluso si no se colapsase de nuevo, habría singularidades en algunas regiones localizadas que se colapsarían para formar agujeros negros. Estas singularidades constituirían un final del tiempo para cualquiera que cayese en el agujero negro. En el big bang y en las otras singularidades todas las leyes habrían fallado, de modo que Dios aún habría tenido completa libertad para decidir lo que sucedió y cómo comenzó el universo.

Cuando combinamos la mecánica cuántica con la relatividad general parece haber una nueva posibilidad que no surgió antes: el espacio y el tiempo juntos podrían formar un espacio de cuatro dimensiones finito, sin singularidades ni fronteras, como la superficie de la Tierra pero con más dimensiones. Parece que esta idea podría explicar muchas de las características observadas del universo, tales como su uniformidad a gran escala y también las desviaciones de la homogeneidad a más pequeña escala, como las galaxias, estrellas e incluso los seres humanos. Podría incluso explicar la flecha del tiempo que observamos. Pero si el universo es totalmente auto contenido, sin singularidades ni fronteras, y es descrito completamente por una teoría unificada, todo ello tiene profundas ¡aplicaciones sobre el papel de Dios como Creador. Einstein una vez se hizo la pregunta: «¿cuántas posibilidades de elección tenía Dios al construir el universo?». Si la propuesta de la no existencia de frontera es correcta, no tuvo ninguna libertad en absoluto para escoger las condiciones iniciales. Habría tenido todavía, por supuesto, la libertad de escoger las leyes que el universo obedecería. Esto, sin embargo, pudo no haber sido realmente una verdadera elección; puede muy bien existir sólo una, o un pequeño número de teorías unificadas completas, tales como la teoría de las cuerdas heteróticas, que sean autoconsistentes y que permitan la existencia de estructuras tan complicadas como seres humanos que puedan investigar las leyes del universo e interrogarse acerca de la naturaleza de Dios.

Incluso si hay sólo una teoría unificada posible, se trata únicamente de un conjunto de reglas y de ecuaciones. ¿Qué es lo que insufla fuego en las ecuaciones y crea un universo que puede ser descrito por ellas? El método usual de la ciencia de construir un modelo matemático no puede responder a las preguntas de por qué debe haber un universo que sea descrito por el modelo. ¿Por qué atraviesa el universo por todas las dificultades de la existencia? ¿Es la teoría unificada tan convincente que ocasiona su propia existencia? 0 necesita un creador y, si es así, ¿tiene éste algún otro efecto sobre el universo? ¿Y quién lo creó a él?

Hasta ahora, la mayoría de los científicos han estado demasiado ocupados con el desarrollo de nuevas teorías que describen cómo es el universo para hacerse la pregunta de por qué. Por otro lado, la gente cuya ocupación es preguntarse por qué, los filósofos, no han podido avanzar al paso de las teorías científicas. En el siglo XVIII, los filósofos consideraban todo el conocimiento humano, incluida la ciencia, como su campo, y discutían cuestiones como, ¿tuvo el universo un principio? Sin embargo, en los siglos xix y xx, la ciencia se hizo demasiado técnica y matemática para ellos, y para cualquiera, excepto para unos pocos especialistas. Los filósofos redujeron tanto el ámbito de sus indagaciones que Wittgenstein, el filósofo más famoso de este siglo, dijo: «la única tarea que le queda a la filosofía es el análisis del lenguaje». ¡Que distancia desde la gran tradición filosófica de Aristóteles a Kant!
No obstante, si descubrimos una teoría completa, con el tiempo habrá de ser, en sus líneas maestras, comprensible para todos y no únicamente para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y la gente corriente, seremos capaces de tomar parte en la discusión de por qué existe el universo y por qué existimos nosotros. Si encontrásemos una respuesta a esto, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos el pensamiento de Dios.
Historia del Tiempo: Del Big Bang a los Agujeros Negros (Stephen Hawking)

"Horizonte lejano"

Horizonte lejano de espléndidas lumbres
donde quedaron vastos días de juventud
y la cosas más bellas nos pasearon por las cumbres
acompañando el viaje certero hacia la senectud

Éramos adolescentes con gran frescura
y andábamos de tumbo en tumbo,
alborotando el alma pura
pero siempre buscando establecer un rumbo

Jugábamos a ser grandes
ensayábamos aventuras peligrosas,
a veces ocasionábamos desbandes
sin pensar en malas cosas

Vivid en mí, horizonte lejano!
que diste bríos a mis pasos tempranos
saltando en felices días de aulas
donde éramos casi como hermanos

Ten presente el recuerdo profundo
amigo horizonte lejano!
que la carpeta que plasmó nuestro mundo
quedará grabada en la palma de la mano

Y si el tiempo intenta dejarte de lado
reclama siempre la nostalgia,
que tu voz nunca te dejará callado
aun si la vida se endurece contigo,
amigo horizonte lejano.

JV

"Estados de ánimo"

Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.

Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.

(Mario Benedetti)

Terremotos en Lima

La ciudad de Lima, con más de 8 millones de habitantes, se emplaza sobre el abanico fluvial de los ríos Rímac y Chillón en la Costa de la Región Central del Perú.

La historia muestra que, la región de Lima ha sido constantemente afectada por grandes sismos, siendo el de mayor magnitud el ocurrido el 28 octubre de 1746 (8.4 grados), mientras que en el siglo XX el más destructor fue el 24 de mayo 1940 (8.2), lo cual indica que la región y la ciudad de Lima se encuentran permanentemente expuestas a terremotos.

Estudios sobre el peligro sísmico de la ciudad de Lima, permiten considerar para esta ciudad una severidad de sacudimiento del suelo con una intensidad máxima de 8MSK para un periodo de exposición de 50 años y una probabilidad de excedencia del 10% (Ocola, 1982). Este valor parece ser alto; sin embargo es coherente con lo observado durante los terremotos de 1940, 1966 y 1974 que afectaron directamente a la ciudad de Lima.

La información sobre los efectos y daños que produjo el terremoto del 9 de octubre de 1974 (8.0 Mw) obtenida por el Instituto Geofísico del Perú (IGP) ha permitido realizar una zonificación de la ciudad de Lima.

Los acantilados de la Costa Verde y sus playas representan hoy en día un importante polo de desarrollo turístico y comercial; por lo tanto, es necesario evaluar detalladamente los efectos causados por la erosión marina y eólica sobre las capas de conglomerados visibles a simple vista. Si estos efectos se suman a los producidos por las episódicas vibraciones del suelo causadas por los sismos, entonces el potencial de peligro se incrementa.

Así mismo, el sismo de 1974 ha demostrado que en algunas áreas de Lima, como el distrito de La Molina, pueden presentarse problemas de estabilidad o compactibilidad de suelos, fenómenos que explicaría la alta intensidad observada en este distrito durante el sismo.

Es importante considerar que para el año 1974, no existían muchos distritos que hoy integran la ciudad de Lima; por lo tanto se desconoce si los terrenos sobre los que han surgido son estables o no. La figura muestra también, que en algunas áreas próximas al centro de Lima, se presentaron intensidades altas; siendo posible que estas tengan relación con el número de viviendas dañadas por el sismo debido a su antigüedad o a la mala calidad de sus construcciones.

Desde el año 1974, no se ha producido otro nuevo sismo que afecte a la ciudad de Lima y por el contrario, se ha observado un incremento poblacional y comercial. El incremento de la población ha llevado a que se produzca una expansión urbana desmesurada y sin control alguno en zonas reconocidas como peligro natural (ejemplo: riberas del Río Rímac). Por otro lado, la centralización de las áreas comerciales ha obligado a los habitantes a concentrarse en los distritos próximos al centro de Lima, facilitando la tugurización de viviendas y edificios. Así mismo, es evidentemente que las viviendas y edificios ubicados en distritos como el Rímac, La Victoria, El Agustino y Centro de Lima (Barrios Altos), han sido más dañada por el tiempo, constituyéndose hoy, un peligro potencial. La suma de casa uno de estos peligros, aumenta la vulnerabilidad de esta gran ciudad.

Educación y Vulnerabilidad
La vulnerabilidad de los habitantes de Lima, puede ser evaluada a partir del grado de conocimiento o educación que cada individuo ha recibido sobre los desastres a los cuáles está expuesto, su potencial y cómo prepararse para afrontarlos. En el Perú esta tarea está incompleta debido a que la educación parece ser un privilegio para muchos individuos, además que no se desarrolla en todos los niveles. Es importante considerar el dictado de cursos sobre prevención en los colegios y universidades institutos y centros de trabajos, a fin de reducir el nivel de vulnerabilidad de los individuos que integran nuestra población. Para cumplir a cabalidad con estos objetivos, es vital que los individuos sean concientes de los peligros a los cuales están expuestos y valoren su propia existencia. 1


1 Revista Prevención Nro. 14, “Peligro Sísmico en Lima”, Hernando Tavera, director del Centro Nacional de Datos Geofísicos del IGP.
www.cesvi.org.pe